Yo nena, yo princesa: el proceso de reasignación sexogenérica a los cinco años

Por • 14 Nov 2014 • Arcoiris, DiSEXiones, Por mis derechos

El documental «Yo nena, yo princesa» narra la historia de Luana, una niña argentina que nació en un cuerpo de niño, pero que tuvo consciencia de su género desde que pudo emitir sus primeras palabras.

Dibujo Luana Arg recortado

Dibujo de Luana (tomado del documental)

 

por Antonio Marquet*

En julio de 2007, en la provincia de Buenos Aires, Mónica Gabriela Mancilla dio a luz a gemelos. Los dos recibieron un trato igual; se les compraba la misma ropa, los mismos juguetes. Sin embargo, su desarrollo fue diferente. El insomnio, la angustia, el llanto constante, se apoderaron de uno de ellos. A los 18 meses, cuando puede hablar, dice clara y directamente a su madre: “yo nena, yo princesa”. Son declaraciones que hará reiteradamente en su entorno, a su hermano, a su padre, a sus maestras.
Mónica Gabriela cuenta la historia de su hija frente a la cámara. De manera clara describe cada uno de los periodos por los que pasa su hija hasta que obtiene su documento de identidad, DNI, cuando tiene cinco años. Primero le habían negado la reasignación de género argumentado su corta edad. Hubo que ampararse para que el entuerto de los funcionarios fuera reparado.
Luana (nombre que la pequeña elige) insistentemente busca la ropa de la madre para ponérsela. Incluso llega a ponerse la jerga para trapear como peluca. La madre le da todo lo que le pide: una muñeca, una falda.
La lleva primero con una psicóloga que intenta corregirla. El objetivo claro y sin vuelta de hoja es devolver a Luana al género con el que nació. Comienzan seis meses de infierno, en que la pequeña aprende a ocultarse, a mentir y también a crear un espacio en donde puede vestirse como niña. La psicóloga recomienda una vigilancia absoluta. Que prevengan a todos los miembros de la familia para que corrijan al niño. Si tiene pene, es un niño; no una niña. Como es de esperarse, no resuelve nada esta estrategia que desconoce al sujeto. Por el contrario, la angustia y el llanto se incrementan. Luana aprende a esconderse. Puede vestirse con ropa femenina mientras no esté su padre.
En soledad, la madre atraviesa un proceso complejo que va desde la curiosidad, el extrañamiento, la consulta médica, el sometimiento a la opinión de la “especialista” (con el razonamiento “si tiene pene es niño”, impone en todo momento ese “principio de realidad”), el cuestionamiento y el abandono de las estrategias de esa especialista (basadas en la continua vigilancia y en no permitir que se separe la niña de una conducta masculina). En contraste, Mónica no pierde en ningún instante el punto de vista de su hija, su deseo, su bienestar. Con prudencia coloca a su hija en el centro de atención, apartándose incluso de las opiniones de su marido, de las maestras, de la psicóloga. Ella permite a Luana seguir poniéndose su ropa, le guarda el secreto de esos juegos para que el padre no se entere.
Siempre está atenta a las palabras: en especial al “soy nena” pronunciado a los 18 meses de edad. Luego, cuando se autonombra Luana, con lo cual todo pasa a otro estadio en el que Mónica deja de considerar totalmente que se trata de un juego de disfraces pasajero. Por último, al descubrimiento de la palabra “transexual” que le sirve de guía en para emprender una investigación y todo el recorrido. Mónica Gabriela Mancilla escucha hondamente y con responsabilidad estas palabras.
Yo nena, yo princesa narra una serie de dificultades mayores: la equivocación médica y legal (un trámite que debía durar 20 días se prolongó por tres meses, siendo la resolución negativa), la de los maestros (reacios a que Luana se presentara el segundo año con ropa de mujer; renuentes a llamarla por su nombre femenino) y de la misma familia de Luana (la abuela pretendía que llevara una doble vida –mujer en casa y varón en la escuela– hasta que entrara a la secundaria). Y la de las madres de los niños en el jardín de niños. Si ninguna de las etapas fue fácil, la madre nunca duda en el apoyo, y en el sentido de ese apoyo, que brinda a su hija. Es por ello que hay un final feliz: la obtención del DNI con la convicción de la madre que tiene que tonificar a su hija para resistir lo que viene.
En efecto, al final, Mónica Gabriela afirma que lo que quiere es que respeten a Luana, que no la estigmaticen. Sabiendo que todo depende del afuera, de la mirada sancionadora del otro; quiere que Luana sea fuerte para atravesar las situaciones que planteen esa mirada.
Valeria Paván conduce la entrevista a Mónica con mucho tacto: lo que logra es un espacio receptor, en que la madre está sola frente a la cámara para revivir todo el proceso. De principio a fin sólo se escucha la palabra de Mónica Gabriela. Era necesario e imprescindible que lo reviviera, que lo pusiera en palabras. Yo nena, yo princesa es un documento humano de una gran trascendencia no solo en el universo trans, o para la comunidad LGBTTTI, sino para la sociedad en su conjunto.
En el marco de la conferencia de ILGA 2014 (celebrada del 27 al 31 de octubre pasados, en la ciudad de México), la función no pudo ser mejor. Yo niña, Yo princesa fue presentada por Pedro Paradiso Sottile, que actuó como abogado de Luana en el juicio de amparo. Por otra parte, entre el público hubo mujeres transgénero que confirmaron las palabras de Luana: siempre supieron que eran trans. Vieron el documental muy conmovidas, como Coral Bonelli, protagonista de Quebranto, otra película mayor en la filmografía trans.
En su página de Facebook, Pedro Sottile anunció con las siguientes palabras el documental:
«Hoy presento «Yo nena, yo princesa» Experiencia trans de una niña de cinco años, en la Conferencia Mundial de ILGA. Un documental sobre Luana, que el año pasado y a sus 6 años de edad, recibió su nuevo DNI de acuerdo a su identidad de género autopercibida, convirtiéndose en el primer caso del mundo en que un Estado reconoce este derecho a una menor de edad sin judicializar el trámite.
Sin dudas, una de las acciones y logros que como activista y abogado de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y en estos más de 22 años de mi militancia por nuestros derechos LGTBI, más felicidad, satisfacción y orgullo me ha dado…»

 

* http://mesterdejoteria.blogspot.com
http://amarquet.blogspot.com

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