«La vida de Adele». Reseña

Por • 17 Feb 2014 • Reflectores

La relación amorosa entre Adèle, inexperta, apasionada y ansiosa, y la cerebral Emma, artista en busca de un lugar en el mundo de las galerías parisinas, se hace cada vez más estrecha, abriendo camino a la madurez de ambas.

La vida de Adele

 

Por Fernando Mino/Noticiasnet.mx*

“Soy mujer y estoy contando mi historia”. Adèle, bella joven de 17 años, estudiante de preparatoria y aficionada a la lectura, no logra encontrar satisfacción en sus relaciones ni congeniar con sus amigas obsesionadas por el sexo y los hombres. Una mañana se cruza casualmente con Emma, una llamativa chica de cabello azul, a quien reencontrará después en un bar. La relación amorosa entre Adèle, inexperta, apasionada y ansiosa, y la cerebral Emma, artista en busca de un lugar en el mundo de las galerías parisinas, se hace cada vez más estrecha, abriendo camino a la madurez de ambas, hasta que el desgaste de la relación y sus personalidades cada vez más opuestas terminan por separarlas.

“La misteriosa debilidad de los rostros humanos”. Inspirado en la novela gráfica de Julie Maroh El azul es un color cálido, el cineasta francés de origen tunecino Abdellatif Kechiche (director de La culpa la tiene Voltaire y Venus negra) consigue que su Adèle (una espléndida Adèle Exarchopoulos) viva el relato de su proceso de iniciación erótica y definición existencial en su propio rostro. La película se sostiene en sus tres horas de duración a fuerza de los close-ups de la joven, auténtico lienzo en donde pueden verse la confusión, la curiosidad, el deseo, la pasión, el dolor, todos los sentimientos que se suceden en su camino de autodescubrimiento. El entorno se desdibuja y obedece al personaje. Adèle es auténticamente quien guía la cámara y va abriendo el mundo conforme lo descubre. Cine en primera persona.

Crecer es una revolución y no hay revolución que no sea sexual. Hay un gozoso desparpajo en la descripción de la vida sexual de Adèle, del descubrimiento de su cuerpo como extensión de sí misma, de sus ideas, de sus deseos, pero también de sus fracasos. Emma (Léa Seydoux) le descubre el mundo, a través del sexo, pero también de su militancia gay y de la pintura; mientras posa para amante, Adèle acaba de adueñarse de su propio cuerpo, el mismo que será la causa de su rompimiento (como se siente sola, busca la compañía sexual de un compañero de trabajo), el mismo que no será ya suficiente para reconquistar a Emma, quien para entonces busca una apacibilidad familiar. Cuerpo que para entonces es fuerte como su espíritu, una mujer lista para enfrentarse sola a la vida.

Es interesante que las dos películas ganadoras en el Festival de Cannes del año pasado —La Vida de Adèle, que ganó el premio principal, y la mexicana Heli, con el premio al mejor director— compartan como tema principal el proceso de madurez, la iniciación a la vida y sus complicaciones adyacentes. Más curioso es que cada una llamara la atención mediática por sus contextos, en ambos casos descritos con minuciosa recreación. Mientras Heli escandalizó por su gráfica exposición de la violencia del narcotráfico, La vida de Adèle puede incomodar a ciertos sectores por su muy explícita descripción del intenso vínculo sexual entre las protagonistas. Detalles colaterales que alimentan esta recreación deslumbrante y vital de un relato tan previsible como lo son todas las historias de amor. Acaba de estrenarse en la cartelera comercial, y el martes 18 cierra la Muestra Internacional de Cine en OaxacaCine Alcalá.

* Publicado en http://www.noticiasnet.mx/portal/sites/default/files/flipping_book/oax/2014/02/16/secc_c/files/mobile/tablet.html#8

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