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Sin rastros de VIH, dos personas sometidas a un transplante de médula ósea

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* Los hombres, que vivían con la infección, llevan dos y cuatro meses si tomar medicamentos
* No es una cura, pero hay mucho que aprender, dicen los científicos

Sarah Boseley*
Theguardian.co.uk
3 de julio de 2013

Dos hombres que quedaron libres de la infección por VIH después de recibir transplantes de médula han dejado de tomar medicamentos contra el sida, sin ninguna señal de que el virus regrese, dijeron científicos.

Hablar de una cura es prematuro, afirmaron los médicos durante su participación en la conferencia de la Sociedad Internacional de Sida (IAS) que se lleva a cabo en Kuala Lumpur. Sin embargo, la noticia ha despertado la esperanza de que este progreso puede llevar a un tratamiento que no sólo mantenga el virus a raya, sino que eventualmente lo erradique.

Los dos hombres, que ya tenían largo tiempo con la infección, recibieron un transplante de médula ósea en el centro contra el cáncer Brigham and Women’s de Boston, Estados Unidos, debido a que padecían cáncer en la sangre. Los exámenes mostraron que, como sus propias células fueron reemplazadas por células del donador, los niveles del virus en la sangre bajaron a un nivel indetectable.

Uno de los hombres dejó de tomar los medicamentos para suprimir el VIH hace casi cuatro meses, mientras el otro lo hizo hace siete semanas. Aún no tienen cantidades de virus detectables en sus células inmunológicas.

“Si bien estos resultados son emocionantes, no indican que los hombres hayan sido curados”, dijo Timothy Henrich, de la División de Enfermedades Infecciosas del centro Brigham. “Se requerirá un seguimiento a largo plazo durante por lo menos un año para entender el impacto de un transplante de médula ósea en la persistencia del VIH”.

Uno de los pacientes se infectó con el virus en los primeros años de la epidemia, mientras que el otro adquirió el virus cuando era bebé. Ambos están siendo monitoreados con frecuencia. Los científicos los han sometido a extensas pruebas para tratar de encontrar el VIH no sólo en las células de la sangre, sino también en el tejido y no han encontrado nada, aunque no pueden estar seguros de que el virus no está ahí. El VIH tiene la capacidad de esconderse y permanecer en bajos niveles, pero puede volver a activarse.

El virus puede estar presente en órganos como el cerebro o en el tracto gastrointestinal, dijo Henrich. “Si el virus regresa, esto sugeriría que aquellos sitios son un importante reservorio de virus infecciosos y se necesitarán nuevas aproximaciones para buscar los reservorios en sitios clave del cuerpo, esto guiará el desarrollo de estrategias curativas del VIH”.

Aun cuando el virus no reaparezca, los transplantes de médula ósea no son factibles para todas las personas. Existe una tasa de mortalidad de entre 15 y 20% y, después del procedimiento, los pacientes deben tomar fármacos para suprimir su sistema inmunológico. Pero las experiencias de los dos hombres muestran a los científicos un panorama más amplio acerca de cómo combatir el virus.

La IAS, que reúne a investigadores del tema de todo el mundo, ha dirigido los esfuerzos encaminados a una cura para el VIH, tales como varios intentos de diseñar una vacuna, los cuales han fallado.

Otros casos

El caso del llamado “paciente de Berlín”, luego identificado como el estadounidense Timothy Ray Brown, es una prueba de que la cura es posible. Brown se sometió a un transplante de células madre debido a un cáncer, pero sus médicos buscaron a un donador que es genéticamente resistente al VIH –una condición rara. Brown se ha curado del VIH y del cáncer, pero el tratamiento conlleva riesgos mayores y es tremendamente caro, además de que sería muy poco probable encontrar a muchos donadores con resistencia genética a la infección.

En marzo pasado se anunció también el caso de un bebé nacido con VIH en Mississippi, quien se “curó” a partir de recibir terapia antirretroviral muy pronto luego de su nacimiento. La madre del bebé dejó de darle los medicamentos alrededor de los 18 meses de edad y no lo llevó al hospital a sus revisiones posteriores. Cuando volvieron, cinco meses después, el niño ya no tenía una cantidad de virus que fuera detectable. Los científicos no están seguros de por qué ocurrió esto, pero especulan que el uso temprano de antirretrovirales –dentro de las 30 horas siguientes a su nacimiento– puede haber prevenido que el virus se apoderara del organismo.

Henrich se mostró cauteloso pero emocionado por los hallazgos científicos. “Hace cinco años, si mencionabas algo sobre curar, los investigadores no te hubieran tomado en serio”, afirmó. “No hemos llegado a esa meta. ¿Estamos cerca? Probablemente no, pero ¿quién sabe? Podría tratarse de una curva de rápido aprendizaje durante los próximos años”.

* Traducción: Rocío Sánchez