Un zafiro entre el fango

Por • 08 Mar 2013 • DiSEXiones

Lee aquí la historia de Zafiro, un relato de ficción que bien puede ser realidad en cualquier rincón del país.

Por Iván Peralta

Twitter: @ivanperaltaramo

Todos los días y a cualquier hora, en nuestro camino diario, en la calle o dentro de cualquier camión nos cruzamos con mil historias que, de poder conocerlas, estaríamos maravillados de haber podido coincidir con personas excepcionales. Intentemos conocer la historia de una mujer como muchas otras; desde lejos, una hermosa representante femenina pero una vez que acercamos la vista, una historia encarnada digna de saberse.

Bienvenidos al mundo de Zafiro, un ser humano único que fue forjado sobre la más sólida piedra de la vida. Viéndola desde lejos, como testigos mudos del tiempo mientras ella sale de su casa al trabajo, podríamos decir que es una mujer sufrida, trabajadora, abnegada pero sobre todo, una incesante navegante por este inmenso mar de desigualdades e injusticia en el cual, un otoño cualquiera, ella llegó al mundo. Desde muy pequeña Zafiro supo que la vida no era simple; el hecho de tener que recorrer diez kilómetros para poder tener agua o privarse de comer suficiente para poder dárselo a su hermana menor la hicieron madurar a muy temprana edad.

Una mañana fría, la realidad la golpeó directamente en la cara. Su madre se encontraba sentada en la silla de siempre, con una madeja de estambre en las manos lista para hacer de cualquier material tejible una verdadera obra de arte, sin embargo, sus ojos estaban vacíos. El cálido color rosáceo que siempre inundaba sus mejillas ahora era un parco color marfil; la vida de su señora madre se había esfumado unos minutos antes cuando decidió unirse a lo inevitable y detener su noble corazón. Zafiro intentó por todos los medios despertarla pero era tarde ya; el destino la había alcanzado. A partir de ese momento la vida transcurrió en cámara rápida ante sus ojos y todo lo que parecía real o tangible siempre poseía la duda inherente de finalizar sin previo aviso en cualquier segundo.

Ahora mismo Zafiro se notaba pensativa, distante, pero sobre todo distraída por el incesante movimiento de los autos en el tráfico de esta caótica ciudad. La ruta diaria a la maquiladora donde laboraba era tediosa y larga, pero cada día que trabajaba ahí era una hora menos y un peldaño más cerca de el gran sueño dorado: la operación de sus senos. Desde hacía ya mucho tiempo una muy buena amiga de la colonia le había recomendado un doctor (practicante, pero para fines económicos y sencillos era más fácil decirle doctor) que por un módico precio hacía este tipo de cirugías. Para Zafiro esto representaba la culminación de su ser mujer, su rol en la vida y su papel determinante que pretendía dejar legado en este universo de huellas que la vida borra paulatinamente, como marcas de arena en el mar.

Zafiro pasaba los días escudriñando el cielo, hablando con su madre en las nubes y preguntándose que sería de Mario, el amor que la vida le había negado varias primaveras atrás. La tragedia y el destino fallido parecían ser aliados para que nuestra heroína jamás conociera el amor o la felicidad de cerca, como ella acostumbraba ver en sus películas favoritas o las novelas de la tarde. Precisamente en una noche de marzo, Zafiro se enteraba de la noticia de que Mario se iba para el otro lado; la necesidad extrema y la incertidumbre laboral en nuestro país lo habían orillado a irse de “mojado” para cumplir el tan anhelado sueño americano. El mundo pareció acabarse para nuestra amiga pues Mario había sido el único que, sin temor al “que dirán”, la había tratado, se atrevió a conocerla y lo mas importante de todo: le demostró que podía amar y ser amada como cualquier mujer. Pasaron los meses y a falta de noticias de su amado, Zafiro endureció su corazón y se dedicó a trabajar para cumplir sueños y promesas que aferraba a su mente y a su alma.

Zafiro sabe que las miradas se posan en ella conforme avanza, pero esto no la detiene ni la atemoriza. El ser mujer en este país significa mucho más que ser una albergadora de vida o una dueña de fragilidad y ternura; las mujeres de nuestro hoy representan la lucha encarnada diaria por igualdad, los gritos por derechos, los aplausos al esfuerzo y la tenacidad por las metas. Zafiro es uno de nuestros ejemplos diarios de historias que se cruzan y que tejen esta trama de vidas y matices que forman nuestro mundo heterogéneo.

Para Zafiro, el Día Internacional de la Mujer representa la culminación de un sueño que comenzó hace ya diez años. La transformación de su cuerpo, la auto aceptación y el afrontar que desde que nació, la vida la colocó en un cuerpo erróneo, un cuerpo masculino, la han hecho valorar en carne propia el hecho de florecer poco a poco en el cuerpo de mujer en un país como el nuestro. Aunque para muchas mujeres la operación de los senos pueda parecer meramente estética, para nuestra Zafiro representa el llegar a la cima y hacernos ver que muchas horas de trabajo, noches enteras de lágrimas y las miradas furtivas de miles de personas que la juzgan sin conocerla, valen la pena, pues no hay nada mejor en este mundo que sentirse cómodo en la propia piel.

Aprendamos a ver el mundo desde ojos ajenos y descubramos el zafiro que todos y cada uno llevamos en el interior.

3 Comentario to “Un zafiro entre el fango”

  1. Julio Amavizca dice:

    Felicidades compadre. Gran artículo.

    Un abrazo!

  2. Marisol dice:

    Wow! Impactante, en verdad muchas felicidades por incluir este tipo de relatos en su portal, es una bocanada de aire fresco para sus lectores!
    Felicitaciones y feliz día a nosotras las mujeres!

  3. Jose Ma. dice:

    que chingon! deberian hacer un libro sobre este escrito me quede picado! felicidades al autor!

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