¿Discriminación o exageración? El lenguaje no sexista

Por • 18 Feb 2013 • DiSEXiones

Un tema todavía controversial es el uso de los géneros masculino y femenino en la lengua española. Aquí algunas de las posturas al respecto.

Por Gustavo Y. Sánchez Marcial

El lenguaje es una manta que la humanidad ha tejido desde el inicio. Trozos de ideas y experiencias se han unido para tener una lengua que describa el mundo. El trabajo no se ha finalizado porque la especie continúa existiendo, y con cada día que pasa, con cada experiencia, el tejido se va incrementado.

Un ejemplo de ello es la lengua española. El castellano se ha ido transformando a través de los años para llegar al punto en el cual lo conocemos hoy en día. Las experiencias de los hablantes fueron enriqueciendo el idioma, al punto de utilizar en una misma oración palabras provenientes del árabe, del náhuatl, del inglés, francés etc.

La lengua está en constante cambio debido al uso que le dan los hablantes. Ahora, es común que se adapten palabras extranjeras debido a la globalización, pero también a causa de los cambios sociales que la humanidad ha vivido, se han creado nuevas con la finalidad de representar el mundo que se ve.

Las mujeres han ido ocupando puestos relevantes en la estructura social, con lo cual, el lenguaje se ha ido adaptando para hacerlas visibles en el habla cotidiana. Por ello, ahora es posible hablar de una presidenta, de una agrónoma, de una fotógrafa o aserradora[1].

En la actualidad (aunque inició con el movimiento feminista del siglo pasado) hay un arduo debate en torno a la discriminación que se hace a la mujer en la lengua. La maestra en psicología Patricia Piñones, en el artículo ¡Jóvenes y Jóvanas! El lenguaje sexista, y basándose en el Diccionario Ideológico Feminista, aclara que los sustantivos, artículos y adjetivos de la lengua española en masculino subordinan lo femenino, lo que trae consigo la invisibilización de las mujeres, su exclusión y sobre todo, la visión androcéntrica que existe en la lengua.[2]

Diversas instituciones en diferentes países de habla hispana han promovido manuales contra el lenguaje sexista, con la finalidad de hacer visibles a las mujeres en la lengua. En México, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) junto con el Instituto Nacional de la Mujer, publicó un manual de recomendaciones para el uso no sexista del lenguaje. En el mundo hispano pueden encontrarse casos como la Universidad de Murcia, la Junta de Andalucía y hasta la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), entre muchos otros, que con personas especializadas han creado manuales propios, todos con recomendaciones semejantes.

Polos opuestos

En sentido contrario y con relación a los diversos manuales, la Real Academia de la Lengua Española publicó el informe Sexismo lingüístico e invisibilidad de la mujer. El texto, redactado por Ignacio Bosque y aprobado por 26 miembros de la institución, analiza dichas guías para recalcar que éstas tratan de imponer un leguaje artificial que va en contra de la lengua española.

En dicho artículo hacen referencia a que “la historia de cada lengua no es la historia de las disposiciones normativas que sobre ella se hayan dictado, sino la historia de un organismo vivo, sujeto a una compleja combinación de factores, entre los que destacan los avatares de los cambios sociales y las restricciones formales fijadas por el sistema gramatical.”[3] Por lo cual, según el organismo, es imposible crear disposiciones para su uso, ya que cada hablante es responsable de la manera en que utiliza la lengua.

Ante esta postura, hay autores que precisan que el papel de la mujer en el día a día es un suceso importante que merece hacer inflexión en el lenguaje para su modificación y por lo cual “emplear un lenguaje libre de sexismo es un asunto central para los feminismos y para cualquier sociedad moderna que promueva la igualdad entre mujeres y hombres. El lenguaje no sexista no busca tan sólo tratar de forma simétrica a mujeres y hombres a nivel lingüístico, sino ganar precisión y exactitud a nivel cognitivo sin excluir ni invisibilizar a ninguno de los sexos”[4].

Hay posiciones en pro y en contra de las normativas contenidas en los manuales. Algunos escritores, como Javier Marías y Arturo Pérez Reverte, desde sus columnas periodísticas han opinado al respecto. Marías, en su momento dijo que “el habla es lo más libre que hay después del pensamiento, y es inadmisible que nadie intente coartarla o restringirla según sus gustos o su hipersensibilidad; es algo vivo y sin dueño, y con infinitas posibilidades, de las cuales cada hablante elige unas y rechaza otras, pero siempre sin tratar de imponer sus criterios o preferencias a otros”[5]. Reverte va más allá al escribir que al eliminar palabras por considerarlas discriminatorias “sería como quitar las palabras de Cervantes o Quevedo porque, en el contexto de su época, hablaban mal de moros y judíos. También las palabras tienen su propia vida e historia”[6].

Pero ante estas opiniones, surgen otras que defienden tanto a los manuales, como al uso en la vida cotidiana de las disposiciones hechas por éstos; por ejemplo, Rosa Montero, también columnista del diario El País, respondió a una artículo de Javier Marías al mencionar que “una sociedad machista y patriarcal, como todas lo han sido durante milenios, construye un lenguaje patriarcal y machista. Que la palabra Hombre sea genérica no es sólo una convención útil: es además una convención útil específicamente emanada de una sociedad en la que el varón era la medida de todas la cosas”[7].Una de las disposiciones más criticada es el constante uso de neologismo que los manuales recomiendan y ante esto la misma periodista española dice que “sin neologismos no existiría hoy el español: seguiríamos hablando todos en latín. Una lengua quieta es una lengua muerta”[8].

La adaptación de artículos, sustantivos y adjetivos cuando se habla de una mujer, algunos suelen verlo como “anormal”, es decir, ir en contra del masculino genérico que caracteriza a la lengua española. Además del español, lenguas como el gallego y catalán, además de otras provenientes del latín, también utilizan el género masculino para hacer referencia a ambos sexos.

De aquí se desprende otra cuestión de fuerte análisis, ya que se dice hay una confusión entre género gramatical y sexo del individuo. Álvaro Messeguer escribe que “en español, los pronombres personales él, ella tienen género masculino y femenino, respectivamente, y no apuntan necesariamente al sexo varonil o mujeril, ya que pueden concordar con otras palabras del mismo género y sin marca de sexo. En cambio, en inglés los pronombres he, she apuntan necesariamente a los sexos, al igual que his/her, him/her. Por ello, a la hora de formular expresiones genéricas, el inglés utiliza el sexo varón como sexo genérico, en tanto que el español utiliza el género masculino, que es algo muy distinto.”[9]

Messeguer en su artículo El español, una lengua no sexista pone diversos ejemplos sobre dicha cuestión, sin embargo del otro lado, hay una contracrítica de Olga Castro Vásquez al decir que “de acuerdo con numerosos estudios de la psicolingüística, a nivel cognitivo la representación mental que crea el masculino es eminentemente masculina, invisibilizando a parte de los sujetos a quien dice representar, lo que hace que las mujeres queden excluidas de la representación del mundo. Pero sobre todo, […] porque por definición los epicenos incluyen siempre a personas de ambos sexos, sin ambigüedad, mientras que el masculino genérico o la palabra ‘hombre’ son muy ambiguos, y unas veces incluyen sólo a los hombres y otras veces se debe entender que, supuestamente, incluyen a mujeres y hombres”[10].

¿Cómo solucionarlo?

Ante este problema, se han creado varias soluciones. El uso del arroba como letra y no sólo como signo ha sido una; no obstante, ésta ha llegado a topar con pared debido precisamente a que es un signo y no un fonema. Otra solución es el ya conocido desdoblamiento, por ejemplo, utilizar la tan conocida fórmula “ciudadanas y ciudadanos”, “niños y niñas”. Aunque para esta segundo opción también se encontraron trabas, ya que algunos autores y en especial los académicos de la RAE, aclaran que ese uso va contra la lengua, ya que ésta se inclina por la brevedad.

A pesar de estas discusiones, al menos ambas partes suelen ceder cuando aceptan que el contexto es uno de los factores más importantes para incurrir en el sexismo lingüístico. Es decir, las palabras por sí solas no crean esa discriminación, la lengua española en sí no es sexista, sino que la sociedad que la usa es la causante de dicho problema.

Messeguer en el artículo antes mencionado, se refiere a tres partes básica del lenguaje: el hablante y su contexto mental; el oyente y su contexto mental; y la lengua como sistema. Y según el autor los hablantes son “prisioneros” de su contexto personal de manera inconsciente, lo cual conduce en ocasiones a emitir mensajes sin percatarse de que pueden ser interpretados por el oyente de manera distinta o bien, puede ocurrir exactamente lo contrario.[11]

El lenguaje para unos es una de las vías que se debe acatar para lograr una equidad de género, para otros, se encuentra en la sociedad misma. Entre ambas partes han surgido voces intolerantes y hasta contradictorias en sus propias posturas; sin embargo, parece ser una discusión natural ante un suceso que está revolucionado el mundo.

No sorprendería que dentro de unos años la RAE incluyera nuevas palabras y acepciones, porque su trabajo es ese, es decir, se encarga de recopilar la manera en que se habla el español y tal vez en un momento dado se aprecie que los manuales realmente sirvieron para la adopción de un lenguaje no sexista. Pero, por otro lado, cabe destacar que en la lengua “se encuentran implícitas esencialmente la concepción del mundo y la filosofía de la comunidad. El ser humano nombra lo que él ve, conoce, en fin, aquello que forma parte de su vida cotidiana. El individuo no nombra por lo tanto, aquello que no se conoce.”[12], según dice el lingüista y filólogo Koffi Tougbo.

Ahora la mujer está siendo más visible en el mundo y el lenguaje se ha ido adaptando a esa aparición sin necesidad de manuales o recomendaciones, por ello se puede destacar que “el proceso de nombramiento es un acto que está en relación intrínseca con la realidad. Los nombres son el reflejo lingüístico de nuestro mundo. Cuanto más se va ampliando el mundo de la sociedad, el léxico de la lengua también se va expandiendo; éste pasa a incorporar experiencias nuevas, el modus vivendi, y las realidades de la sociedad a la cual sirve de medio de expresión.”[13]. Así, en la lengua podrán existir recomendaciones para un uso sin discriminación, sin embargo, no basta la lengua para hacer cambios en la sociedad, al parecer es un proceso sin finalizar donde el único responsable es el ser humano.


[1] Véase: En femenino y masculino. Las profesiones de la A a la Z, disponible en: http://www.berdintasuna.ehu.es/p234-content/es/contenidos/informacion/igualdad_otras_guias/es_guias/adjuntos/Las_profesiones_A_Z.pdf

[2] Piñones, Patricia. ¡Jóvenes y Jóvanas! El lenguaje sexista. Equidad. Centro Universitario de Estudios de Género. Universidad de Colima. Año 1, N° 215. Junio de 2010, Colima, Col. Disponible en: http://bvirtual.ucol.mx/equidadgenero/documentos/64_Equidad_2.pdf

[3] Bosque, Ignacio. Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer. Boletín de información lingüística de la RAE (BILRAE).Marzo 2012. Madrid, España. Disponible en: http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000040.nsf/(voanexos)/arch50C5BAE6B25C8BC8C12579B600755DB9/$FILE/Sexismo_linguistico_y_visibilidad_de_la_mujer.pdf.

[4] Castro Vázquez, Olga. Rebatiendo lo que otrOs dicen del lenguaje no sexista. Mujeres en Red. Abril, 2009. Disponible en: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1734. Versión original en gallego publicada en O verbo patriarcal (monográfico número 24, en la revista Festa da Palabra Silenciada)

[5] Marías, Javier. “Cursilerías lingüísticas”. El País, Cultura. 20, marzo, 1995.

[6] Pérez Reverte, Arturo. “Aceituneros y aceituneras”. XL Semanal. 17 de diciembre de 2006.

[7] Montero, Rosa. “El Lenguaje sexista”. El País Semanal. 9 de Abril de 1995.

[8] Op. Cit.

[9] García Meseguer, Álvaro. El español, una lengua no sexista. Estudios de Lingüística del Español (ELiEs), Volumen 16, 2002. Disponible en: http://elies.rediris.es/elies16/Garcia.html. (Las itálicas son del autor).

[10] Olga Castro, Op. Cit.

[11] Messeguer, Op. Cit.

[12] Koffi, Tougbo. “Toponomástica e Empréstimos Lexicais Portugueses Na Costa do Marfim”. 5° Congresso Internacional do Ensino de Português como Língua Estrangeira. UNAM. México, Noviembre, 2000. Pág. 58.

[13] Op. Cit.

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