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Tráfico o trabajo sexual

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La trata de personas no es equivalente a prostitución. Al tráfico de personas en general se le define como el reclutamiento y el traslado de personas a través del engaño, del abuso o por la fuerza con fines de explotación. En este sentido, de acuerdo con la antropóloga Carol Vance, cualquiera puede ser víctima de tráfico. Entrevistada en el receso de un curso sobre sexualidad y derechos humanos en Estambul, Turquía, la profesora de la Universidad de Columbia en Nueva York sostiene que los propios gobiernos contribuyen al tráfico de personas al hacer casi imposible –por las severas restricciones migratorias-,  que la gente migre y busque trabajo legalmente.
La autora del multicitado libro Placer y peligro: explorando la sexualidad femenina, dirige ahora su interés académico a este fenómeno al alza muy ligado a la migración. Y dentro del tema, subraya la importancia del Protocolo sobre trata de personas, aprobado por la ONU en el año 2000.

¿Cómo definiría el problema del tráfico sexual?
Existe una nueva ley internacional que ofrece una buena definición del tráfico. Se adoptó en el año 2000, se denomina el protocolo de la ONU, y define dicho tráfico en tres formas: abuso por la fuerza, por el engaño, o a partir de una posición de autoridad, que coloque a una persona en una condición de explotación. Así, cualquier persona puede ser sujeto de tráfico: hombre, mujer o niño, y puede también ser objeto de una explotación severa, en granjas o fábricas, en el servicio doméstico o como servicio sexual. El tráfico no significa ya prostitución, como sucedía en 1890 o 1920 a nivel internacional.

Al parecer este problema se ha agravado últimamente y se ha vuelto una industria global, ¿pero se trata de un problema reciente, o sólo es reciente la atención que se le presta?
La atención es reciente, aunque también hubo atención de 1880 a 1920, aunque luego se agotó. Las condiciones para dicha atención son muy parecidas. Hay migración masiva de unos países a otros, y muchos migrantes son mujeres, en su mayoría jóvenes solteras. Hay mucha ansiedad con respecto a sus desplazamientos y las restricciones en materia de inmigración son ahora muy severas, por lo que mucha gente que desea emigrar y no puede hacerlo legalmente se las ingenia para ser objeto de contrabando. Contrabando y tráfico no son la misma cosa. Puedes entrar por contrabando y violar la ley del país al que ingresas, pero puedes llegar con seguridad a tu destino, ocuparte de tus asuntos y ser feliz. Pero bajo las condiciones del contrabando la gente depende de los contrabandistas, quienes a veces se quedan con tus documentos. Te encuentras entonces en un país donde no hablas el idioma, tienes miedo de la policía. Esas son las condiciones que viven las personas que se prestan al contrabando y que pueden acabar en una situación de tráfico. Se les amenaza, se les obliga a trabajar, en condiciones de explotación.

¿Qué sucede con el sistema legal? ¿Contamos con una legislación para combatir estos problemas?
Hay varias maneras de ver este problema. Por un lado, debido a que las barreras para una migración legal y seguro son tan altas, podemos decir que los propios gobiernos contribuyen al tráfico de personas al hacer casi imposible que la gente migre y busque trabajo legalmente. Esto propicia el contrabando de personas. Esto no quiere decir que toda persona que se presta al contrabando tenga que terminar en una cadena de tráfico, pero de manera general esas son las condiciones en las que se da el tráfico. La respuesta legal a dicho tráfico, la ley internacional del año 2000, por ejemplo, es importante, ya que pide a los gobiernos que a las personas sometidas al tráfico se les reconozca la calidad de víctimas de un crimen. En el pasado la mayoría de esas personas ingresaban ilegalmente al país y se les daba el trato de indocumentados y se les deportaba. Se les veía como criminales. Si una persona padece el tráfico posiblemente haya violado la ley migratoria, pero también ha sido golpeada, violada o amenazada. Se ha abusado de ella o se le ha robado su salario. La ley del 2000 pide entonces a los países que las traten como víctimas de un crimen, y que no las deporten inmediatamente. Se les pide que proporcionen alojamiento seguro, atención médica y otros servicios. Naturalmente muchos países están poco dispuestos a hacer esto, pues les genera costos muy grandes, y no quieren gastar dinero en inmigrantes ilegales. Y en muchos países hay un clima de hostilidad contra los inmigrantes ilegales.

¿Cómo diferenciar el tráfico sexual del trabajo sexual cuando vemos que muchas legislaciones tienen dificultades para establecer dicha distinción?

Entre 1880 y 1920 muchos acuerdos incluían el término tráfico, y tráfico sólo significaba prostitución, por lo que se utilizaba el término de modo intercambiable. El protocolo del año 2000 establece una gran distinción entre prostitución y tráfico. La gente puede practicar la prostitución de forma voluntaria y no ser víctima del tráfico, del mismo modo en que usted puede trabajar en una fábrica de modo voluntario y no ser víctima de tráfico. El tráfico está ligado al engaño, a la violencia, a la coerción o la amenaza con el propósito de explotar a alguien. Es cierto que algunos grupos de mujeres o algunos grupos religiosos juzgan que la prostitución es nociva y debe ser eliminada, y en los últimos doscientos años eso ha hecho que muchas leyes consideren la prostitución como una ofensa criminal. Y a esos grupos les complacería seguir viendo ligados tráfico y prostitución, pero la ley internacional marca una diferencia. Y cuando pensamos en cómo combatir el tráfico es un error enorme concentrarse en la prostitución, pues el tráfico supone muchas otras formas de explotación laboral. Esto es verdad cuando a la gente se le somete a un tráfico en las granjas o en las fábricas, donde pueden y suelen padecer un abuso sexual. Por ello no es muy claro que una forma de tráfico implique abuso sexual y otra no.

¿Hablamos de tráfico también cuando, de acuerdo con tradiciones o costumbres culturales,  algunos padres se permiten vender a sus propias hijas?
Dependiendo de los detalles, esa situación bien podría caer o no en la definición de tráfico. De modo parecido, enseñar a un niño a manejar drogas en una fábrica de drogas o a que trabaje en una mina bajo condiciones muy severas, también sería algo muy duro. Necesitamos un lenguaje más adecuado para hablar de esas cosas. Pero es claro que es necesario que haya un cambio para eliminar ese tráfico de personas jóvenes.

¿Qué sucede cuando las mujeres se prestan a pasar en contrabando a un país?
Pueden consentir a ello y puede tratarse de un crimen, según lo interprete el país a que te diriges, pero tú te pones en contacto con el contrabandista, le pagas el dinero, y quieres ser trasladado. Si en dicho proceso la persona empieza a amenazarte, te dice que te llevará a su casa, te voy a encerrar en un cuarto, y si vas con la policía te van a arrestar y ni siquiera podrás hacerte entender en su idioma, eso es tráfico. La gente no consiente jamás a ese tráfico. Se presta al contrabando y luego le suceden cosas negativas.

El trafico afecta particularmente a las mujeres, ¿pero qué sucede con los hombres?
Ellos también son víctimas del tráfico. Igual que con las mujeres el tráfico puede darse en las granjas o en las fábricas, en los botes de pesca, hay tráfico de todo tipo y de algún modo al hombre no se le presta la misma atención que a las mujeres en tanto víctimas de dicho tráfico. Esto se debe en parte a un incremento enorme de la atención que se brinda, desde una óptica muy conservadora, a los temas de la prostitución y la inmigración.

¿Este problema tiene que ver también con la globalización?
La globalización significa el libre flujo del capital y la inversión alrededor del mundo. Corresponde al libre flujo de los productos y en ese contexto las barreras para el comercio tienen que caer para que exista un flujo más libre. Pero no ha habido un aumento equivalente en el libre flujo de las personas. Las restricciones para la inmigración han aumentado, los países imponen un control fronterizo muy severo, y de hecho la retórica del tráfico sólo les da razones complementarias para incrementar todo eso. Parece legitimarlo. Controlan las fronteras deteniendo el tráfico, y la severidad con que lo hacen es precisamente lo que favorece ese mismo tráfico. De este modo las típicas historias de cómo frenar ese tráfico se han vuelto muy populares en los últimos diez años. Se da por sentado que el tráfico conduce a la mujer a una prostitución forzada y a un terrible abuso sexual. Luego acuden el gobierno y otros grandes héroes a su rescate. Pero todo esto es una falacia, pues es precisamente el gobierno y su estricto control de la inmigración y las fronteras el que mayormente contribuye a perpetuar dicho tráfico. (Alejandro Brito)