La formación de un campo de estudios. El estado del arte sobre la sexualidad en México 1996-2008.

Por • 03 Jul 2012 • DiSEXiones

La académica Cyntia Cerón comenta la obra El Estado del Arte sobre Sexualidad en México, 1996-2008, presentada recientemente como parte de las nuevas publicaciones de Letra S y el Centro Latinoamericano en Sexualidad y Derechos Humanos (CLAM).

Cyntia Cerón Hernández[1]

Rodrigo Parrini y Antonio Hernández se dieron a la ardua tarea de identificar trabajos de investigación cualitativa alrededor de la sexualidad en México desde 1996 hasta el 2008.  A pesar del relativo poco tiempo en que la sexualidad comenzó a considerarse objeto de estudio de las ciencias sociales, en esta revisión y análisis, los autores ofrecen un extenso panorama de los diferentes ámbitos de la sexualidad explorados en distintas poblaciones y contextos del país.

El texto se organiza en cuatro capítulos que plantean espacios conceptuales, los cuales refieren a preguntas y objetos de conocimiento, así como problemáticas socioculturales particulares. Éste también permite la posibilidad de tener varios niveles de lectura además de las sexualidades, como los abordajes teóricos y los caminos metodológicos, así como la relación con contextos políticos e históricos. De tal manera que, la lectura del texto va construyendo una visión caleidoscópica de la sexualidad en el país, a través de figuras de género y sexualidad compuestas por diferentes elementos, los cuales algunas veces se repiten, se mueven o se transforman y forman distintas figuras de acuerdo a coordenadas culturales específicas.

Como señalan los autores, encontramos una fuerte tendencia en el análisis de la sexualidad femenina en su imbricación con relaciones de parentesco y sistemas de sexo-género. Estas investigaciones muestran las normas más o menos estables de la sexualidad heteronormativa a través de diferentes retratos de familias, matrimonios y parejas heterosexuales. También, se señalan las distintas formas de subordinación sexual en las mujeres, así como los cambios y resistencias principalmente en las generaciones de jóvenes.

Un contexto similar pero desde otra perspectiva, se plantea en el segundo capítulo: “Masculinidad y sexualidad”. Este apartado presenta prácticas y rituales de masculinidad con sus particularidades étnicas, de clase y edad en comunidades urbanas y rurales.

Los trabajos señalan los mandatos de género en la necesidad de afirmación de la virilidad en un eje entre la hipermasculinidad y el peligro social por ser o parecer “poco hombre”. En un extremo de este eje es posible ubicar un modelo de masculinidad que refiere a hombres fuertes, proveedores, ajenos a la crianza y a las labores domésticas, que, aunado al axioma de tener “un instinto sexual descontrolado” sustentan la poligamia, el débito conyugal, la centralidad en el desahogo del impulso sexual a través del coito; así también ciertas prácticas de riesgo o violencia donde la responsabilidad reproductiva y de cuidado ante infecciones de transmisión sexual recaen generalmente en las mujeres. Sin embargo, algunos trabajos también permiten descolocar estereotipos a través de la resistencia a mandatos de género que confrontan la identidad sexual unitaria. En éstos oscilan los temores ante el desempeño sexual, cierta tolerancia a la infidelidad sexual de las parejas, también se visibilizan prácticas homoeróticas en contextos o situaciones permisivas, así como mayor flexibilidad en normas sexuales y de género en hombres en situación de migración.

Así como sucede en los trabajos sobre la sexualidad femenina, en este capítulo se señala la ambivalencia y ambigüedad ante los procesos de continuidad y cambio de las normas sexuales y de género, especialmente en los hombres más jóvenes y en las clases medias urbanas. La sexualidad masculina heterosexual adquiere un carácter relacional que refleja la tensión entre hombres y mujeres ante la coexistencia de discursos locales y globales. Sin embargo, al final de la lectura de este apartado, parece que los hombres tuvieran mayores dificultades en asumir la transgresión femenina especialmente en un contexto social y económico que dificulta cumplir con el ideal del hombre proveedor y procreador.  Además, es de relevancia considerar que éstos trabajos reflejan una importante falta de referentes alternativos de masculinidad. Cabe mencionar que junto con las lesbianas, los hombres heterosexuales ocupan la menor producción de trabajos empíricos en el campo de la sexualidad en México. Sin duda éste es un espacio interesante a explorar en futuras investigaciones.

En el tercer capítulo, los autores organizan las formas marginales de la sexualidad con el nombre de “Homoerotismo, bisexualidad, travestismo y transexualismo”.  Los trabajos que se presentan empiezan a plantear otras facetas, distintas perspectivas, espacios, escenarios y sujetos que comienzan a hacerse visibles a  la par de movimientos políticos que luchan por un reconocimiento de los derechos en la esfera pública.

Las y los sujetos que emergen en estos trabajos hacen tambalear las definiciones y etiquetas. Se habla de homosexuales, bisexuales, jotos, gays, hombres que tienen sexo con hombres; luego mayates, vestidas y jotas. Se hace referencia a los renekes y a los muxes, a los travestis, transgénero y transexuales. Si bien se trata de sujetos que son parte de grupos no homogéneos, la forma de nombrar y de nombrarse así mismos permiten reflexionar por un lado, en las implicaciones y los límites del lenguaje, y por el otro en los movimientos conceptuales a lo largo de la producción académica, los cuales sugieren posturas epistemológicas y políticas que abren el debate.

A lo largo de la lectura del texto los retratos de parentesco que se dibujaban en los primeros capítulos se van transformando. Si pensáramos en una imagen, aparecen ahora retratos con formas diversas donde las identidades, las preferencias y las prácticas se complejizan, se re-significan, se oponen, se pierden, se contradicen o se fracturan. Se evidencian procesos de estigmatización y prácticas de resistencia que permiten mantener los vínculos solidarios, especialmente los familiares, como si se tratara de conservar un espacio en los retratos de familia desde un lugar liminal.

En estos trabajos se difuminan las dicotomías naturaleza-cultura, cuerpo-razón, masculino-femenino, heterosexual-homosexual y otras, además hacen evidentes otros aspectos de la sexualidad que se ponen en juego. En los límites de la corporalidad, el deseo, el erotismo, el placer y la intimidad surgen sujetos complejos que evidencian estrategias, prácticas sexuales y genéricas múltiples. Si bien estos recursos analíticos pudieran ser menos asibles desde la mirada teórico y metodológica, parecen fundamentales desde la experiencia.

Los sujetos y sexualidades que se presentan en este capítulo confrontan las identidades, descolocan el modelo heteronormativo y las principales las instituciones que han normado la sexualidad en México. Es así, que se anuncian otras instituciones reguladoras que van cobrando mayor peso en la intervención de los cuerpos, como los medios de comunicación y la tecnología médica en una relación de tensión entre transgresión y normalización.

En este capítulo se muestran también situaciones y contextos donde la sexualidad cobra diferentes sentidos, como el trabajo sexual masculino y femenino, el sexo transaccional y de sobrevivencia en migrantes, el sexo como intercambio dentro de la pareja, el nomadismo sexual así como la perspectiva de personas discapacitadas.

En el último capítulo se aborda la medicalización de la sexualidad desde las infecciones de transmisión sexual, el VIH/SIDA y la salud sexual. Como anotan los autores, el VIH no consiste exclusivamente en una problemática más en el campo de los estudios de sexualidad, se trata de un factor determinante en la construcción del mismo a nivel local y global.

En este apartado se da peso a las relaciones e identidades de género y los contextos socioculturales específicos como factores que afectan o no a realizar prácticas de riesgo, así como su incidencia en el diseño o efectividad de las políticas públicas orientadas a la prevención.

El texto de Rodrigo Parrini y Antonio Hernández no sólo consiste en una útil construcción del estado del arte sobre la sexualidad en México para quienes deseen tener una mirada a los trabajos de investigación realizados en el país; implica, una organización y análisis que identifica los alcances y los límites, una reflexión necesaria para la formación de un campo de estudio nuevo en las ciencias sociales. Parrini y Hernández permiten acercarse a diversas formas y procesos de cambio-continuidad alrededor de la sexualidad, desde ahí anuncian, “procesos de identificación y construcción individual y colectiva de un nuevo sujeto social.” De tal forma que se plantea un campo vasto para diferentes lecturas a viejas y a nuevas prácticas y actores imbricados en la sexualidad. Además, a partir de un rico y extenso panorama se ponen en la mesa interesantes retos para la investigación que se vislumbra fascinante para seguir construyendo.


[1] Universidad Intercontinental. Presentación en la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Lunes 25 de Junio del 2012. México, D.F.

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