Las bases biológicas de la homosexualidad

Por • 01 Sep 2011 • Arcoiris

El investigador Rafael Pagán Santini revisa las evidencias científicas que sugieren que la orientación sexual está determinada por el complejo sistema neuroquímico del cerebro.

Por Rafael H. Pagán Santini

Después de haber leído el artículo de Javier Flores, ¿Se nace homosexual?, publicado en La Jornada el 29 de junio, me sentí consternado por los desaciertos teóricos-metodológicos que esgrime para afirmar que, desde un punto de vista científico, no hay datos serios ni concluyentes que permitan afirmar que la homosexualidad tiene un fundamento biológico. Este no es el lugar para hacer una revisión bibliográfica exhaustiva sobre los fundamentos científicos que sustenta el origen biológico del comportamiento sexual, sea este heterosexual, homosexual, bisexual o transexual, pero si se puede exponer algunos datos serios y concluyentes que permitan dar luz sobre el fundamento biológico de la homosexualidad.

Con respecto al determinismo biológico, del cual nos alerta Flores, debemos señalar que aún los físicos más recalcitrantes han descubierto la existencia de suficiente aleatoriedad y contingencia en la naturaleza como para rebatir la validez de predicciones absolutas. Cuando en neurobiología se habla de conducta, ésta tiene que incluir los conceptos tanto funcionales como evolutivos, y esta última, en nada, es determinista. Debido a la naturaleza probabilística de la mayor parte de las generalizaciones en bilogía evolutiva, resulta imposible aplicar el método falsacionista de Popper para poner a prueba las teorías porque el caso particular de una aparente refutación de una determinada ley puede resultar ser, nada más que una excepción, algo muy común en biología[i].

Recientemente, se ha descubierto que las diferencias entre los sexos, además de las genitales, se encuentran en la anatomía del cerebro. Las investigaciones más recientes sugieren que el cerebro de los hombres se organiza según líneas diferentes del cerebro de las mujeres desde una edad muy temprana. Las diferencias de tamaño entre diferentes sexos ha podido ser corroboradas desde el nacimiento[ii], y algunos datos volumétricos sugieren que las diferencias sexuales en la asimetría hemisférica ya existen en el feto humano[iii]. Las hormonas sexuales dirigen esta diferenciación durante el desarrollo, existiendo una relación entre los niveles de determinadas hormonas y la estructura cognitiva en la edad adulta[iv].

Entre las estructuras cerebrales diferentes entre sexos se ha identificado un núcleo sexualmente dimorfo en el área preóptica medial. Esta área, funcionalmente, pertenece al hipotálamo. Es por esto que las investigaciones sobre dimorfismo sexual se han enfocado hacia el hipotálamo y sus estructuras adyacentes. Aunque, existen divergencias con respecto a la localización y la nomenclatura de las regiones hipotalámicas en las que se han descrito, se puede decir que en el hipotálamo de nuestra especie hay dimorfismo sexual. El núcleo sexualmente dimorfo del área preóptica del hipotálamo en el hombre tiene mayor tamaño y un número mayor de células que el de la mujer. Con respecto al dimorfismo sexual, las estructuras del cerebro pueden considerarse isomorfas o dimorfas. En estas últimas, el macho presenta mayores medidas morfológicas (volumen, número de neuronas, sinapsis) que las hembras. Este tipo de relación se conoce como patrón macho > hembra, cuando ocurre lo contrario, como por ejemplo, en estructuras como las divisiones medial anterior y lateral anterior del núcleo de la estriada terminal, el núcleo arqueado, el locus coeruleus, se denomina patrón hembra > macho[v]. Estas diferencias numerarias y en tamaño se traducen en comportamientos facilitadores o inhibidores. Además, se han descrito diferencias funcionales sexuales que no se ven reflejadas en diferencias en cuanto al número de neuronas, pero sí en cuanto a su actividad[vi]; así, en el núcleo supraóptico las neuronas secretoras de vasopresina son más activas en hombres que en mujeres, lo que explica las diferencias sexuales en los niveles plasmáticos de vasopresina[vii].

El dimorfismo sexual, es decir, la existencia de rasgos que marcan la diferencia entre macho y hembra, seres humanos, toma forma desde la primera mitad del embarazo, cuando se está formando el tracto genitourinario y los niveles de testosterona son mayores en los hombres, evento que ocurre nuevamente la pubertad. En nuestra especie la testosterona produce la diferenciación sexual del patrón dimorfo en los núcleos neuronales. Durante la vida perinatal del ser humano, el cerebro se encuentra en un periodo de sobre producción y crecimiento exuberante seguido por un desgaste donde se reducen en número y tamaño. Mucho de este proceso están determinado genéticamente, sin embargo, hay indicios sobre la influencia de factores tanto endógenos como exógenos que contribuyen al desarrollo final del adulto.

La insistencia en señalar las diferencias morfológicas entre el cerebro del macho y el de la hembra obedece a que existe una relación entre función y estructura. La palabra función se emplea en biología con dos significados muy diferentes: función se usa a veces para procesos fisiológicos y a veces para el papel biológico de un rasgo en el ciclo vital del organismo. “Por ejemplo, las patas de un conejo tienen la función de la locomoción […] pero el papel biológico de esta facultad puede ser escapar de un predador, el desplazarse hacia una fuente de alimento, encaminarse a un hábitat propicio [o] discurrir en busca de una pareja”[viii]. El caso del núcleo hipotalámico NIHA-3, que tiene un mayor volumen en los hombres que en la mujeres, es mayor en los hombres heterosexuales que en los homosexuales, y que se encuentra en el área preóptica, su función fisiológica es la de integrar diferentes clases de información sensitiva necesaria para calibrar una desviación respecto al valor de referencia. Esto es, una vez recibe el estímulo procesa una respuesta. Por ejemplo, en el caso de la feromonas recogidas por el sistema vomeronasal (nariz), las cuales contienen la información sexual sobre otro organismo y que son enviadas al área preóptica para su valoración provocando un estado de deseo de copulación. El papel biológico de esta estructura es provocar la copulación, acto que al consumarse genera placer en sí mismo, lo que refuerza su repetición. La ligazón entre sexo y reproducción es contingente[ix]. La valoración de los estímulos recibidos se traduce en comportamientos facilitadores o inhibidores dependiendo de las diferencias numerarias de conexiones neuronales y del tamaño del núcleo.

Partiendo de estos hechos, quien mejor expone el punto a debate es Simon LeVay, neurocientífico gay del Instituto Salk de San Diego, California, al señalar que, para que las pruebas sobre el carácter innato de la orientación sexual sean contundentes, es necesario mostrar que las diferencias neurológicas existen en etapas tempranas de la vida y que es posible predecir la orientación sexual a partir de ellas. Sin embargo, para este tipo de investigación sería necesario documentar las diferencias morfológicas en las regiones dimórficas sexualmente y confrontarlas prospectivamente con la orientación sexual de sus poseedores. Actualmente, no se cuenta con información de esta naturaleza pero tenemos datos serios y contundentes que nos permiten inferir el origen biológico de la homosexualidad.

Este año, la redacción de la BBC Mundo nos hizo recordar una de las tragedias más desastrosas en la historia de la investigación sobre género. John Money, psicólogo especializado en cambios de género promovió el experimento ideal para determinar su teoría sobre género. El creía que no es la biología la que determina si somos mujeres u hombres, sino la forma como somos criados. El 1960, nacieron los gemelos Bruce y Brian Reimer, eran dos niños perfectamente normales, pero a los siete meses de nacidos ambos comenzaron a presentar dificultades para orinar. Los padres llevaron a los niños al hospital para someterlos a una circuncisión. En la circuncisión se utilizó una aguja cauterizadora en lugar de un bisturí, y el equipo eléctrico tuvo un problema que provocó un aumento en la corriente que quemó por completo el pene de Bruce. Los padres de Bruce lo llevaron con Money, el cual les propuso la castración y la transformación del gemelo en niña. Esto representaba la posibilidad de un experimento ideal: un niño que él pensaba que debía ser criado como el género opuesto, y que incluso contaba con su propio grupo de control, un gemelo idéntico. Si su teoría se confirmaba sería evidencia irrefutable de que la crianza podía invalidar a la biología. Así que Bruce, a los 17 meses de edad, se convirtió en Brenda.

Money subrayó que, si querían que el cambio de género funcionara, los padres nunca debían decirle a Brenda ni a su hermano gemelo que había nacido siendo niño. Así que para seguir su progreso el caso fue bautizado como John/Joan. Cuando Brenda alcanzó la pubertad a los 13 años comenzó a mostrar sentimientos suicidas. De acuerdo a su madre, era muy rebelde. La niña era muy masculina y no lograba persuadirla de que hiciera algo femenino. Brenda casi no tuvo amigos durante su infancia. Todos se burlaban de ella y la llamaban la mujer cavernícola. Finalmente, los padres optaron por decirle a la niña que había nacido siendo niño. Brenda eligió volverse David. Fue sometido a cirugía reconstructiva y eventualmente se casó. Aunque no pudo tener hijos, fue padrastro de los tres hijos de su esposa. Cuando cumplió 30 años David sufrió una crisis de depresión. Perdió su trabajo y se separó de su esposa. A los 38 años de edad David se suicidó.

En La Jornada, 26/10/2008, Reuter, reseñó los descubrimientos de un grupo de científicos australianos los cuales relacionaron un gen con la transexualidad. El estudio genético reveló que el gen que regula los receptores androgénicos, el cual tiene la función de transcribir proteínas y de modificar el efecto de las hormonas masculinas es más alargado en los hombres que se identificaban como mujer. Los científicos recolectaron muestras de ADN de 112 hombres que se identificaban como mujeres y descubrieron que eran más proclives a tener una versión más alargada del gen que regula los receptores androgénicos, con respecto a 258 hombres cuya identidad de género se correspondía con sus caracteres sexuales. El gen más alargado fue encontrado en 55.4 por ciento de los transexuales y en 47.6 por ciento de los hombres no transexuales. De acuerdo al director del estudio, Vincent Harley, efectuado en la Universidad de Monash, sus descubrimientos apuntan a que la identidad de género se desarrolla a partir de una base biológica. (Biological Psychiatry)

El experimento de Money y la tragedia de David muestran contundentemente que, ni siquiera castrando o intencionalmente educando, se puede imponer o enseñar un comportamiento sexual determinado.  Por otro lado, la identificación de un gen que oriente el comportamiento transexual explica su determinismo biológico pero no la homosexualidad. La identificación de un sólo gen que provoque los cambios morfológicos parece algo difícil de encontrar, ya que hasta la propuesta del doctor Dean Hamer, sea o no un fraude, incluye una sección del cromosoma X, la Xq28, no un único gen.  Sin embargo, la evidencia epidemiológica indica que la orientación sexual tiene influencia genética, aunque pare que no se encuentra incrustada en el ADN como tal. Según el director del proyecto Genoma Humano, Francis S. Collins, la implicación de los genes en este tipo de comportamiento sería mediante predisposiciones y no predeterminaciones, es decir: influye, pero no determina. La posibilidad de que el gemelo idéntico de un hombre homosexual también sea gay es de un 20%. La tendencia genética a ser homosexual tiene una fuerza del 20 por ciento en los varones… casi la mitad que la tendencia de las personas a ser agresivas por genética. La posibilidad de que un hombre al azar sea gay es entre un 2 y 4 por ciento.

Los estudios comentados demuestran que el cerebro presenta modificaciones específicas, presumiblemente debidas a la acción hormonal, que correlacionan con la identidad y la orientación sexual. Como se ha señalado, el dimorfismo sexual del cerebro se establece en redes y sistemas neurales y ningún núcleo singular de éstas explica lo que sucede en la función de la red. Es en el patrón de dimorfismo de la red en lo debemos fijarnos para dar los primeros pasos explicativos. Sin embargo, sería un error pensar que el cerebro de un hombre homosexual es un cerebro femenino. Además, se hace necesario señalar que estamos muy lejos de explicar el “todo” de los fundamentos biológicos de la identidad y de la orientación sexual. Lo anterior refuerza y hace perfectamente coherente tanto los resultados de las investigaciones de Simon LeVay como los resultados del grupo de investigadores del Instituto Karolinska, en Estocolmo. Todos ellos han dando evidencia del origen biológico de la homosexualidad desde la perspectiva de un funcionamiento sexual que se refleja en cambios morfológicos del cerebro.

Es evidente que desde la perspectiva evolutiva, la variabilidad en el comportamiento sexual es un beneficio adaptativo, de otra forma la selección natural ya hubiera borrado el comportamiento homosexual de la faz de la tierra. La conducta homosexual se ha conservado filogenéticamente, independientemente de si esta está relacionada directamente o no con la reproducción. El sistema límbico es una de las partes más antiguas del cerebro en términos filogenéticos y evolutivos pues sus primordios ya se encuentran en los peces. Entre sus funciones principales se encuentran la motivación por la preservación del organismo y la especie, la integración de la información genética y ambiental a través del aprendizaje, y la tarea de integrar nuestro medio interno con el externo antes de realizar una conducta. No es de extrañarnos, pues, que los diferentes comportamientos sexuales se presenten como cambios morfológicos de alguna de sus partes, como por ejemplo, en el hipotálamo y la amígdala. Por consiguiente, podemos decir que la copula entre  individuos del mismo sexo es una variabilidad comportamental propia de la familia de los homínidos heredada filogenéticamente a través de sus ancestros del reino animal.

La evidencia presentada por estudios de neuroimagen y los análisis de las variaciones neuroanatómicas ha permitido implicar a la circuitería neuronal que modula los aspectos del comportamiento emocional e instintivo con la homosexualidad. El comportamiento homosexual sería pues, la consecuencia de las variaciones en la regulación instinto-emocional producto de las alteraciones neuroanatómicas que se generan como consecuencia de la predisposición genética. Le corresponde a la neurogenética identificar los genes que  participan en la variabilidad comportamental del espectro sexual del ser humano.


[i] Mayr E., Por qué es única la biología, 2006, ed. Katz, Buenos Aires

[ii] Dekaban AS, (1978), Changes in brain weights during the span of human life: Relation of brain weights to body heights and body weights. Ann Neurol 4:345–356.

[iii] de Lacoste MC, Horvath DS, Woodward DJ (1991) Possible sex differences in the developing human fetal brain. J Clin Exp Neuropsychol 13:831–846.

[iv] Gouchie, C. y Kimura, D. (1991). The relation between testosterone levels and cognitive ability

patterns. Psyconeuroendocrinology, 16, 323-334.

[v] Guillamón A., Segovia S., Manual Máster Internacional en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva, cap 12. Diferenciación sexual del cerebro y conducta sexual, ed Viguera

[vi] José Antonio Gil-Verona, et. al., (2003), Diferencias sexuales en el sistema nervioso humano. Una revisión desde el punto de vista psiconeurobiológico, Revista Internacional de Psicología Clínica y de la Salud, Vol. 3, Nº 2, pp. 351-361

[vii] Ishunina, T.A. y Swaab, D.F. (1999). Vasopressin and oxytocin neurons of the human supraoptic and paraventricular nucleus: Size changes in relation to age and sex. Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, 84, 4637-4644.

[viii] Bok, W. J., G. von Wahlert, (1969), Adaptation and form-function complex, Evolution, N0. 19, pp 269-299, Tomado de Mayr E., Por qué es única la biología, 2006, ed. Katz, Buenos Aires

[ix] Lynn Margulis, Dorion Sagan, (1998), ¿Qué es el sexo?, Metatemas, Tusquest Editores, Barcelona, España. p.  220

5 Comentario to “Las bases biológicas de la homosexualidad”

  1. Oliver De la Torre dice:

    Hola Doctor:
    Me recuerda? usted fue mi tutor de tesis de licenciatura, ahora soy especialista en genética humana. Es muy agradable su forma de abordar temas tan controversiales. Saludos

  2. RAFAEL RICO dice:

    EXCELENTE TEXTO : ESTUDIOS DE CONCORDANCIA EN GEMELOS MONOCIGOTOS INFORMA DE UNA CONCORDANCIA MAYOR AL 50% DATO QUE APOYA EL COMPONENTE GENETICO DE LA ORIENTACION SEXUAL

  3. Karina dice:

    Me parece un artículo maravilloso, el aspecto biológico de la homosexualidad se sustenta muy bien. Estoy de acuerdo con este enfoque y la predisposición genética que es finalmente determinada por el ambiente.

    Mi duda es…¿estos textos son de divulgación? De ser así, creo que podría ser un texto más accesible para personas que no conocen nada respecto al tema y se podrían ilustrar las alteraciones neuroanatómicas.

    No he indagado en este tema con profundidad, así que de manera superficial, por lo que sé, hay problemas metodológicos en los gemelos monocigóticos, hay investigaciones que reportan más del 20%, ¿qué autores reportaron el 20% y cómo se titulan sus artículos?¿Cuáles fueron las condiciones y tales condiciones podrían diferenciarlos de estudios previos?

    Entonces, me surge la duda: ¿podría encuadrarse esa diferencia del 20% en la citoarquitectura? ¿porqué? Es decir, si la circuitería proporciona las bases biológicas de la homosexualidad y se toma como base el estudio entre gemelos monocigóticos, cada uno de los cuales construye su propio mundo personal, ¿no hay una divergencia porque hay un 80% que diferencia a ambos individuos que podría deberse a la citoarquitectua? ¿A qué se atribuye ese 80% de diferencia? ¿A lo ambiental, a la introyección de lo socio-cultural? ¿o la homosexualidad aparece con una baja probabilidad de ocurrencia?¿debida a qué?¿a la predisposición? De ser así, no se tiene aún un factor determinante…

    Por otra parte me parece que los estudios sobre áreas sexualmente dimórficas no consideran a mujeres homosexuales ni a personas bisexuales, entonces ¿cómo pueden considerarse válidos estos estudios para la justificación si no se ha hecho un seguimiento de que las áreas cerebrales implicadas funcionen como predictores -tal como menciona el científico citado-? ¿o acaso se ha hecho investigación al respecto que si les considere? Y hay un estudio que observa las diferencias (y esto ha sido muy criticado) en personas que murieron de sida.

    Por otro lado, si se encontró el área sexualmente dimórfica de la transexualidad, ¿ya se comprobó en mujeres transexuales? ¿Ya se utilizó el enfoque de «áreas predictoras»? O bien, ¿cómo se llegó a ligar la transexualidad a tal área? ¿cuáles fueron las pistas que condujeron a esa área?

    Si se ha encontrado que la transexualidad es poligenética (con un porcentaje que no me parece, en lo personal determinante), ¿se han estudiado las proteínas que producen tales genes para dar pista de que ese porcentaje encontrado en personas transexuales? En caso positivo, podría marcar la diferencia de ser transexual o no aunque otras personas tengan la misma carga genética pero no produzcan las mismas proteínas debido a factores ambientales (activación de ciertos genes y no de otros). ¿qué tanto me equivoco al extrapolar de esta manera?

    Respecto a la orientación sexual, podríamos considerar que ésta también puede ser poligenética. ¿por qué es estable la orientación sexual en el ser humano es estable a lo largo de la vida? ¿la bisexualidad también encajaría en una orientación estable o inestable? Respecto a mi cuestionamiento sobre la bisexualidad, ¿se ha hecho investigación al respecto?

    Pretendo aprender sobre este tema, ya que es un debate muy interesante y agradecería mucho una respuesta y correción de mis dudas. Y le felicito por su labor en la máxima casa de estudios.

  4. Hola Doctor! Soy sacerdote dominico y me encuentro realizando estudios sobre el tema, por lo que me resulta de suma importancia el trabajo que usted lleva a cabo. Soy teólogo (como ha de suponerlo) y como tal me compete responder desde nuestra perspectiva a tal situación no sin la luz de la ciencia y los nuevos estudios que ayudan a esclarecerlo. Gracias por este artículo y me encantaría charlar sobre diversas cosas en un espíritu de apertura.

  5. Adrian dice:

    Hola doctor, me parece muy interesante su artículo… Yo soy homosexual, si se necesitara gente en mi condición para hacer algún estudio estoy mas que dispuesto.

    Saludos!!

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